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jueves, 24 de marzo de 2011

Que es Lactancia Prolongada

Hace poco, y no recuerdo bien donde, leí una frase que me hizo bastante gracia. Decía algo así: El alcohólico es el que bebe mas que su médico y lactancia prolongada es la que da la teta mas tiempo que su vecina. Y es verdad. Para la que ha dado el pecho 6 meses, debe de pensar que la que ha dado 1 año a hecho lactancia prolongada. Mientras que la que ha dado 3 años, debe de pensar que es una lactancia corta. 
Hay gente "informada" que dicen que la Organización Mundial de la Salud, Unicef y la Asociación Española de Pediatría recomiendan hasta los 6 meses. Estos son los que han oído ruido, pero no saben de donde caen las piedras. Lo cierto, es que estas Organizaciones, recomiendan la lactancia exclusiva (sin infusiones, suplementos, frutas, papillas etc..) hasta los 6 meses, pero es que la frase continua, A partir de los 6 meses y hasta los 2 años complementada con otros alimentos.
En realidad no se sabe cual es la edad "natural" en los humanos. Cada cultura tiene sus costumbres, aunque ninguna desteta tan pronto como la cultura occidental del siglo XX.
 La Antropóloga Katherine Dettwyler basa su teoria  en los datos referentes a otros primates, a partir de varios parámetros que se relacionan de manera mas o menos exacta con la lactancia.  
a) Según el peso al nacer.
Suele decirse que los mamíferos se destetan cuando han triplicado su peso al
nacer. Esto sólo es válido para los animales pequeños; los animales de tamaño
parecido al nuestro se destetan tras cuadruplicar el peso al nacer, lo que sería
aproximadamente a los dos años y medio.
b) Según el peso del adulto.
Muchos mamíferos se destetan al alcanzar aproximadamente la tercera parte
de su peso adulto. Como en nuestra especie el varón adulto es más grande, ello
representaría un destete más tardío: los niños hacia los siete años (al alcanzar los
23 kg.), y las niñas poco antes de los seis años (con 19 kg.).
c) Según el peso de la madre.
Los investigadores Harvey y Clutton-Brock encontraron que, en un gran número
de primates, la edad del destete en días es igual al peso de la hembra adulta en
gramos multiplicado por 2,71. Aplicando esta fórmula a una madre de 55 kilos,
correspondería destetar a los tres años y cuatro meses.
d) Según la duración de la gestación.
La relación entre la duración de la lactancia y la duración de la gestación es muy
variable entre los primates, pero parece depender del tamaño de los individuos. En
los monos pequeños, dicha relación suele ser inferior a dos; pero entre nuestros
parientes más cercanos (en parentesco y tamaño), la relación es de 6,4 para el
chimpancé y de 6,18 para el gorila. Si asumimos que para el ser humano dicha
relación ha de ser también superior a 6, el resultado es un mínimo de cuatro años y
medio de lactancia.
e) Según la dentición.
El destete suele producirse en muchos primates cerca de la erupción del primer
molar permanente, lo que correspondería a los 6 años en el ser humano.
Como conclusión, Dettwyler supone que la edad normal del destete en el ser
humano debe estar en algún punto entre los dos años y medio y los siete

Y para vosotr@s que es lactancia prolongada?

miércoles, 16 de febrero de 2011

Donde esta mi teta!!??

Hablemos ahora del destete.
Existen dos tipos, el natural y el forzoso. El destete natural es cuando el niño deja el pecho cuando quiere. Todos los niños se destetan tarde o temprano. Pero se que este no es el tema que mas preocupa a las madres. Las madres que les preocupa el destete es porque quieren hacer un destete forzoso.

El destete forzoso puede ocurrir por varios motivos. El motivo principal es el trabajo aunque si se desea continuar con la lactancia materna, se puede hacer. Si el bebe tiene mas de 6 meses se le puede ofrecer en esas horas en que mamá esta trabajando un poco de arroz hervido, patata cocida con un poco de pollo... También se le puede ofrecer alguna fruta. Por normal general, muchos niños prefieren dormir y no comer en esas horas. Cuando mamá llega recuperan el tiempo perdido mamando como locos. La madre tendrá que procurar sacarse la leche en el trabajo cada 3 o 4 horas y si la almacena y la mantiene en frío, la papilla se le puede hacer al bebe al día siguiente con esa leche.
Si el bebe tiene entre 4 y 6 meses, se le puede hacer una papilla de arroz. Siempre es mejor adelantar un par de meses la toma de papillas que darles leche de vaca. No olvidemos que la leche de formula es leche de vaca.

Si aun así, se opta por destetar:
El destete ha de ser progresivo. El destete brusco es duro para el niño, para la madre y para toda la familia ( que tiene que oír los llantos del niño).  El pecho no solo es comida, es contacto, consuelo, cariño...
La primera regla seria NO OFRECER al niño el pecho, pero NO NEGAR cuando sea el quien lo pida.  Muchas madres descubren al intentar destetar que el pecho es la forma mas cómoda de satisfacer las necesidades de su hijo. Un niño no va a renunciar a "su teta" sin obtener nada a cambio. Así que ahora tendrás que hacerle mas cosquillas, leerle mas cuentos, jugar mas con el... Si la idea era descansar al destetar, hay que desechar esa idea. Todas esas cosas hay que dárselas antes de que pida pecho. Hay que prestarle atención aunque este entretenido y sin molestar. Porque cuando se aburra y pida atención, no pedirá que jueguen con el, o que le lean un cuento, sabéis lo que pedirá no??  SU TETA
Por cierto, un niño destetado antes del año, debe de tomar leche adaptada. Después del año ya puede tomar leche entera de vaca. La leche materna tiene mas grasa que la leche desnatada o semi, así que es absurdo no darle leche que no sea entera.
Hay también que anticiparse al hambre, y substituir las tomas por otros alimentos.

Vicky!! Tu no te leas esto. Ni se te ocurra!! Abril tiene que seguir teteando.. Jajaja

jueves, 10 de febrero de 2011

Lactancia en Mongolia

Espero que lo disfruteis, a mi me ha encantado.

Texto de Ruth Kamnitzer traducido por Ana Isabel Chinchilla.

Hay en Mongolia un dicho muy utilizado que afirma que los mejores boxeadores toman leche materna durante al menos seis años, afirmación muy seria para un país en el que el boxeo es el deporte nacional. Me trasladé a Mongolia cuando mi primer hijo tenía cuatro meses y viví allí hasta que cumplió tres años.
Criar a mi hijo en aquellos primeros años en un lugar donde la actitud hacia la lactancia materna es tan radicalmente diferente de las costumbres que prevalecen en Norteamérica me abrió los ojos a una visión completamente diferente de cómo podría ser todo. Los mongoles no solamente prolongan la lactancia materna, sino que además lo hacen con más entusiasmo y menos inhibiciones que casi nadie de los que había conocido hasta entonces. En Mongolia, la leche materna no es sólo para bebés; no se trata sólo de nutrición y definitivamente no es un tema sobre el que se imponga la discreción. Es la madera de la que estaba hecho Genghis Khan.
Al igual que muchas madres primerizas, no había pensado demasiado sobre la lactancia antes de tener a mi bebé, pero minutos después de que mi hijo Calum saliera, se agarró a la teta y durante los siguientes cuatro años no parecía nada dispuesto a soltarse. Tuve suerte, porque en muchos aspectos la lactancia nos resultó sencilla: ninguna grieta en el pezón, rara vez un pecho ingurgitado. Mentalmente las cosas no eran tan sencillas: a pesar de lo mucho que amaba a mi bebé y disfrutaba del vínculo que nos ofrecía la lactancia, en ocasiones resultaba insoportable. No estaba preparada para la magnitud de mi amor por él ni para la intensidad de su necesidad de mí en exclusiva y de mi leche. “No le permitas que te convierta en un chupete humano”, me advirtió una enfermera canadiense pocos días después del nacimiento de Calum, que mamaba a todas horas, pero yo repasaba todos los posibles motivos de su llanto (¿gases?, ¿pañal? ¿infraestimulación? ¿sobreeestimulación?) y por lo general acababa dándole teta de nuevo. Me preguntaba si hacía bien.
Entonces me trasladé de Canadá a Mongolia, donde mi marido llevaba a cabo unos estudios sobre vida salvaje. Allí los bebés están siempre envueltos en varias capas de gruesas mantas, atados con cuerda como un paquete que no quieres que se rompa en el correo. Cuando un paquete murmura, se le pone un pezón en la boca. No se les cambia muy a menudo y nunca se les hace eructar. No hay ni siquiera una manos en las que poner un sonajero. Por supuesto, no hay ratitos boca abajo. Los niños permanecen envueltos hasta al menos los tres meses, y cada vez que emiten un sonido, se les da de mamar.
Esto resultaba interesante. A los tres meses, los bebés canadienses ya tienen actividades sociales, incluso natación. Algunos aprenden a “calmarse solos”. Yo daba por sentado que había muchos motivos por los que un bebé podía llorar y que era mi trabajo averiguar la razón y darle la solución adecuada. Pero en Mongolia, aunque los bebés puedan llorar por muchos motivos, sólo hay una solución: leche materna. Dejé de darle vueltas e hice lo mismo.
En Canadá la lactancia materna aún está rodeada de cierto misticismo, pero en realidad no estamos demasiado acostumbrados a ella. La lactancia se realiza en casa, en grupos de lactancia, quizá en alguna cafetería: rara vez se ve en público y desde luego nosotros mismos no tenemos recuerdos conscientes de haber sido alimentados con pecho. A esta íntima actividad entre madre e hijo se la trata con secretismo y educadas miradas hacia otro lado, y se considera casi igual que las demostraciones públicas de intimidad en una pareja: no es tabú, pero sí que causan ligera incomodidad y son educadamente ignoradas. Cuando el silencioso y angelical recién nacido se convierte en un niño activo resuelto a comunicar a todo el mundo lo que está haciendo a cada momento, bueno, entonces esos ojos se apartan con mayor rapidez e intensidad, a veces con el ceño fruncido.
En Mongolia, dar el pecho en público, en lugar de relegarme a la sección de “sólo mamás”, me puso decididamente en el centro de atención. Su práctica universal de dar pecho en cualquier momento y lugar, así como la cercanía en la que la mayoría de los mongoles vive, implica que todos están acostumbrados a ver un pecho en acción. Les alegraba ver que hacía las cosas a su manera (que por supuesto era la manera correcta).
Cuando daba pecho en el parque, las abuelas me brindaban sus historias sobre cómo habían alimentado a sus doce hijos. Cuando daba pecho en el asiento trasero de los taxis, los conductores levantaban sus pulgares por el retrovisor y me aseguraban que Calum se convertiría en un gran boxeador. Cuando paseaba por el mercado acunando a mi hijo en mis brazos mientras mamaba, los comerciantes me hacían un sitio en su puestos y le decían al niño que se lo bebiera todo. En lugar de mirar a otro lado, la gente se inclinaba sobre Calum y le besaba la mejilla. Si se soltaba de la teta en respuesta a la atención recibida, dejando mi pecho chorreando y completamente expuesto, no pasaba nada. Nadie se quedaba mirando, nadie apartaba la vista: simplemente se reían y se limpiaban la leche de la nariz.
Desde que Calum tenía cuatro meses hasta los tres años, allá donde fuera, oía una y otra vez lo mismo: “La teta es lo mejor para tu bebé, lo mejor para ti” La aprobación constante me hacía sentir que hacía algo importante que interesaba a todos; exactamente la clase de aprobación pública que *toda* madre reciente necesita.
Para cuando Calum cumplió los dos años, yo ya había descubierto lo útil que podía ser la lactancia materna. Nada hace que un niño se duerma más rápido, alivia el aburrimiento de un largo viaje en coche, o calma una tormenta que se cierne, tan rápidamente como una poca leche calentita de mamá. Es la ayuda más útil para la madre perezosa, y yo creía que le daba todos los usos, pero los mongoles lo llevaban más lejos.
Durante los inviernos mongoles, pasaba muchas tardes en en el yurt de mi amiga Tsetsgee, huyendo del frío glacial de fuera. Fue instructivo comparar nuestras técnicas de crianza. Cuando estallaba una pelea por los juguetes entre nuestros hijos de dos años, mi primera reacción era restablecer la paz distrayendo a Calum con otro juguete al tiempo que le explicaba los principios de compartir las cosas, pero esto llevaba tiempo y una media de éxito de tan sólo un cincuenta por ciento, En el restante cincuenta por ciento de veces, cuando Calum no quería dar su brazo a torcer y su frustración aumentaba hasta el punto de ebullición, lo cogía y le acunaba en brazos para amamantarle.
Tsetsgee tenía una táctica diferente. Al primer murmullo de discordia, se levantaba la camisa y empezaba a menear sus pechos con entusiasmo, diciendo: “¡Ven aquí, cariño, mira lo que tiene mami para ti!” Su hijo apartaba la vista de los juguetes para mirar las dianas de sus pechos y siempre se iba hacia ellos. ¿Media de éxito? Cien por cien.
Para no ser menos, adopté la misma estrategia. Allí estábamos, dos madres agitando los pechos como strippers compitiendo por atraer a un cliente. Si los abuelos estaban por allí, se unían a la representación. Los pobres críos no sabían a dónde mirar: la tranquilizadora plenitud de los pechos de sus madres, los mustios pechos planos de la abuela con su larga experiencia, o el extraño montón de carne que el abuelo se agarraba en su envidia de pechos. Por mucho que lo intente, no puedo imaginarme una escena similar en una reunión de la Liga de la Leche.
En mis clases prenatales en un pequeño pueblo de Canadá, donde nació Calum, nos mostraron la lactancia materna con un vídeo de una madre sueca de aspecto especialmente atlético, que daba pecho a su niño pequeño mientras esquiaba. La clase se estremeció: “Claro que es genial para los bebés, pero cuando ya empiezan a hablar y a andar…?” Todas parecían de acuerdo. Yo me callé.
Me tocó a mí sorprenderme cuando una de mis amigas mongoles me dijo que había tomado leche materna hasta los nueve años de edad. Me quedé tan boquiabierta y estupefacta que al principio me lo tomé a broma. Viendo ahora que mi hijo se destetó justo después de cumplir los cuatro años, me avergüenza un poco mi inflexible incredulidad. Aunque nueve años sea bastante edad para tomar el pecho, incluso para los mongoles, no está fuera del rango.
Aunque no siempre era fácil hablar sobre conceptos como “destete voluntario” con mongoles debido a la barrera idiomática, dar pecho “a largo plazo” parecía ser la norma. Nunca conocí a nadie que diera pecho a dos niños, lo cual me sorprendió, aunque debido a que los intervalos entre hijos son bastante largos, la mayoría de los niños dejaban de mamar entre los dos y los cuatro años.
Según UNICEF, en 2005 el 82 por ciento de los niños de Mongolia seguían con lactancia materna entre los 12 y los 15 meses y el 65 por ciento seguían entre los 20 y los 23 meses1. El último hijo parece que simplemente continúa, de ahí la niña de nueve años que tomaba pecho, y si la sabiduría popular no se equivoca, de ahí la fama de Mongolia en el boxeo.
Cuando a los tres años Calum seguía tomando pecho con el entusiasmo de un recién nacido y yo me preguntaba cómo surgiría el destete, sentí curiosidad sobre qué animaba a los niños mongoles a destetarse solos. Algunas madres me dijeron que su hijo simplemente perdió el interés. Otras dijeron que la presión de grupo tuvo que ver, (he oído a adolescentes mongoles burlarse de otros diciendo “¡Quieres los pechos de tu mami!” del mismo modo que se dice “¡Corre con tu mamá!”). Cada vez más a menudo, las obligaciones del trabajo obligan a destetar antes de lo habitual: los niños a menudo pasan el verano en el campo mientras que la madre se queda en la ciudad trabajando, y durante esta larga separación a la madre se le retira la leche.
Mi amiga Buana, de veinte años, me contó su lactancia, digna de medalla de oro: “Me crié en un yurt lejos, en el campo. Mi madre siempre me decía que me la bebiera toda, que era buena para mí. Yo creía que todas los niños de nueve años lo hacían. Cuando fui al colegio, lo dejé.” Me miró con un brillo travieso en los ojos “ Pero aún me gusta beberla a veces”.
Destetarse me parecía un suceso bastante definido. Siempre esperé que, en algún momento, las tomas se reducirían y seguirían reduciéndose hasta que cesaran por completo. Se me retiraría la leche y ya está. Bar cerrado.
En Mongolia no sucede así. Hablando de lactancia con mi amiga Naraa, le pregunté cuándo su hija, entonces de seis años, se había destetado. “A los cuatro años” me contestó, “a mí me entristeció pero ella no quería tomar teta más”. Entonces Naraa me dijo que la semana anterior, cuando su hija había vuelto de una larga estancia en el campo con sus abuelos, quiso tomar teta. Naraa la complació “Me imagino que me había echado mucho de menos” explicó, “y fue bonito. Por supuesto, yo no tenía leche, pero no le importó”.
Pero si “destetar” significa no volver a beber leche materna, entonces los mongoles nunca se destetan del todo, y esto es lo que más me sorprendió de la lactancia en Mongolia. Si los pechos de una mujer están ingurgitados y su bebé no está cerca, irá sencillamente preguntando a sus familiares, de cualquier edad o sexo, si quieren beber. A menudo las mujeres se extraen una taza de leche para sus marido para darles un capricho, o dejan una poca en el frigorífico para que cualquiera pueda servirse.
Aunque todas hemos probado nuestra propia leche, le hemos dado a nuestras parejas para que la prueben, quizá hemos echado una poca al café en una emergencia ¿no?, no creo que que muchos de nosotras la hayamos bebido a menudo. Sin embargo a todo mongol al que he preguntado me ha dicho que le gusta le leche materna. El valor de la leche materna está tan reconocido, tan firmemente arraigado en su cultura, que no se considera como algo sólo para bebés. La leche materna se usa comúnmente de forma medicinal, se les da a los mayores como una cura para todo, se usa para tratar infecciones oculares así como (dicen) hacer más blanco el blanco de los ojos y más intenso el marrón del iris.
Pero sobre todo, creo que los mongoles beben leche materna porque les gusta el sabor. Una amiga mía occidental que se extraía leche en el trabajo y dejaba la botella en el frigorífico de la oficina se encontró un día la botella medio vacía. Ella se rió: “¡Sólo sospecharía de que mis compañeros se beban mi leche en Mongolia!”
Vivir en otra cultura siempre te obliga a re-evaluar la tuya. No sé cómo hubiera sido dar pecho a mi hijo en sus primeros años en Canadá. La avalancha de observaciones positivas que recibí en Mongolia, así como la aceptación sincera de dar el pecho en público simplemente me asombró, y me dio la libertad de criar a mi hijo de una manera que me parecía natural. Además de las pequeñas diferencias en nuestras costumbres de lactancia, los detalles de cuánto y cuándo, concluí que había una diferencia más grande en nuestros métodos de crianza.
En Norteamérica valoramos tanto la independencia que aparece en todo lo que hacemos. Sólo se habla de qué come tu bebé ahora, y a cuántas tomas has reducido. Incluso aunque no seas la que hace estas preguntas, es difícil escapar de su impacto. Además se venden tantas cosas para que tu hijo se entretenga solo y te necesite menos que el mensaje es claro. Sin embargo en Mongolia, la lactancia no se identifica con dependencia, y el destete no es una meta. Saben que sus hijos crecerán; de hecho, un niño mongol normal de cinco años es mucho más independiente que uno occidental. No hay prisa por destetar.
Probablemente lo más valioso de criar a mi hijo en Mongolia fue que me di cuenta de que hay un millón de maneras de hacer las cosas, y que yo podía elegir cualquiera de ellas. Durante la lactancia de mi hijo tuve varias dificultades, y tomé y deseché ideas y prácticas en mi intento de forjar mi propio estilo. Me alegro de haber amamantado a Calum tanto tiempo: fueron cuatro años al final. Creo que la lactancia fue lo mejor para mi hijo, y que tendrá una influencia duradera en su personalidad y en nuestra relación.
Y cuando gane la medalla de oro de boxeo en la Olimpiadas, espero que me lo agradezca.



Despues de leer esta experiencia me doy cuenta de que estamos demasiado industrializados. Y de que muchos tienen o tenemos la mente sucia (Los Serrano me marcaron, jajaja)
¿Que opinais?

viernes, 21 de enero de 2011

Lo estas malacostumbrando...


El niño que se acostumbra a una cosa y pensamos que no se le podrá cambiar: "Es que si le dejo dormir en mi cama no lo podre sacar nunca". ¿Usted cree que si lo acuesta en una cuna no lo podrá sacar nunca? Nadie ha pensado que los niños puedan "engancharse" de por vida a una camita de 40x100 cm, pero todo el mundo esta de acuerdo en que se pueden "enganchar" a una de 135x200 cm. Los niños no saben de medidas de camas y tienen tantas posibilidadess de engancharse a la cuna como a la cama de matrimonio. Si fuera así, acuestelo siempre en una de matrimonio, que estará mejor visto de mayor que si siempre duerme en una cuna. Si usted es de los que cree que si se acostumbran a algo nunca mas lo va a cambiar, acostumbrele desde que nace a lo que hacemos los mayores: No le ponga pañal nunca, no le de chupete, no le vicie a tomar biberones (el pecho se lo puede dar, pues no esta mal visto entre los adultos que se deseen las tetas, se tenga el sexo que se tenga). Por supuesto, nada de cochecitos de paseo, que luego no quieren andar nunca.
Los niños no poseen capacidad de razonar y memoria de lo que esta pasando antes de los 3 años; por lo tanto, la palabra malcriar no sirve para los pequeños.
Puede que su hijo se acostumbre a dormir en un determinado lugar, a pasear con la abuela, a jugar con su patito, pero eso no quiere decir que este malcriado o viciado. Simplemente muestra sus preferencias. Si hay alguien moldeable, adaptable y flexible, ese es un niño. Con tiempo y cariño se pueden convencer y se dejan modificar.
Pero lo mas importante es que si usted no lo hace, el niño lo hará por usted: es imposible obligar a un niño a quedarse para siempre en la cuna o en la cama de sus padres. Es imposible obligarle a que toda la vida tome el pecho o el biberón o a que se quede con el chupete. Es imposible impedirle que un día quiera quitarse el pañal.
De la misma forma que ningún adulto continua durmiendo en la cuna, su hijo dejara la cama de sus padres. De la misma forma que ningún adulto continua con el chupete, su hijo se destetara solo. De la misma forma que ningún adulto continua con el pañal, su hijo también lo dejara.
Nada hay tan cambiante como los intereses de un niño cuando se hace mayor. No deje de darle algo o de hacer algo, solo por el miedo a que nunca pueda retirar esa costumbre en su hijo.